sábado, 12 de octubre de 2013

El Inexpresivo ¿Humano o Maniqui?

En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedro Senai en nada más que un vestido blanco cubierto de sangre. Ella no era exactamente un humano. Era algo parecido a un maniquí, pero tenía la destreza y la fluidez de un ser humano normal. Su cara era tan impecable como los maniquíes, sin cejas ni maquillaje. Tenía un gatito apretado en medio de sus dientes, sus mandíbulas apretaban tan fuerte al pequeño gato al punto de que ningún diente podía ser visto, la sangre salía a chorro hacia fuera sobre su vestido y llegaba al piso. Las personas cercanas estaban horrorizadas al ver toda esa escena. Ella, entonces, sacó al gato de su boca, lo tiró y se desmayo.A partir de desvanecerse fue llevada a un espacio del hospital, donde la limpiaron antes de prepararla para la sedación. Ella se mostraba completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores pensaron en refrenarla hasta que las autoridades pudieran llegar y ella no protestó. Ellos eran incapaces de conseguir cualquier clase de respuesta de la mujer, y la mayor parte de los empleados se sintieron demasiado incómodos para mirarla directamente por más de unos segundos. Pero cuando el personal intentó darle el calmante, ella se defendió con fuerza extrema. Dos miembros del personal, que la dominaban con su cuerpo, se elevaron encima de la cama para sostenerla, su expresión estaba en blanco. Ella giró sus ojos impasibles hacia el doctor masculino e hizo algo insólito: ella rió. En cuanto lo hizo la enfermera soltó a gritar hasta quedar en shock y finalmente se desmayó, ya que en la boca de aquella mujer no había dientes humanos, sino como colmillos largos y agudos.Era demasiado el tiempo que la mujer tenia los dientes así, que al incrustarlos en sus labios no sentía ningún dolor, el doctor la miró fijamente durante un momento y le cuestionó: “¿Qué mierda es usted?”. Ella se libero de los doctores que aún la sostenían espantados, sin dejar de sonreír. La seguridad había sido alertada y podía ser oída bajando el vestíbulo, como ella los oyó, se lanzó adelante, hundiendo sus dientes en el cuello del doctor, arrancando su yugular y dejándole caer al piso, muriendo sobre el piso, él se ahogó sobre su propia sangre. La mujer se levantó, su mirada era peligrosa como la vida descolorida de sus ojos. Se inclinó al doctor y le susurró al oído: “Yo soy dios.” Los ojos de los demás doctores estaban llenos de miedo.
La enfermera que sobrevivió el incidente la llamó “el Inexpresivo”.  

En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedro Senai en nada más que un vestido blanco cubierto de sangre. Ella no era exactamente un humano. Era algo parecido a un maniquí, pero tenía la destreza y la fluidez de un ser humano normal. Su cara era tan impecable como los maniquíes, sin cejas ni maquillaje. Tenía un gatito apretado en medio de sus dientes, sus mandíbulas apretaban tan fuerte al pequeño gato al punto de que ningún diente podía ser visto, la sangre salía a chorro hacia fuera sobre su vestido y llegaba al piso. Las personas cercanas estaban horrorizadas al ver toda esa escena. Ella, entonces, sacó al gato de su boca, lo tiró y se desmayo.
A partir de desvanecerse fue llevada a un espacio del hospital, donde la limpiaron antes de prepararla para la sedación. Ella se mostraba completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores pensaron en refrenarla hasta que las autoridades pudieran llegar y ella no protestó. Ellos eran incapaces de conseguir cualquier clase de respuesta de la mujer, y la mayor parte de los empleados se sintieron demasiado incómodos para mirarla directamente por más de unos segundos. Pero cuando el personal intentó darle el calmante, ella se defendió con fuerza extrema. Dos miembros del personal, que la dominaban con su cuerpo, se elevaron encima de la cama para sostenerla, su expresión estaba en blanco. Ella giró sus ojos impasibles hacia el doctor masculino e hizo algo insólito: ella rió. En cuanto lo hizo la enfermera soltó a gritar hasta quedar en shock y finalmente se desmayó, ya que en la boca de aquella mujer no había dientes humanos, sino como colmillos largos y agudos.
Era demasiado el tiempo que la mujer tenia los dientes así, que al incrustarlos en sus labios no sentía ningún dolor, el doctor la miró fijamente durante un momento y le cuestionó: “¿Qué mierda es usted?”. Ella se libero de los doctores que aún la sostenían espantados, sin dejar de sonreír. La seguridad había sido alertada y podía ser oída bajando el vestíbulo, como ella los oyó, se lanzó adelante, hundiendo sus dientes en el cuello del doctor, arrancando su yugular y dejándole caer al piso, muriendo sobre el piso, él se ahogó sobre su propia sangre. La mujer se levantó, su mirada era peligrosa como la vida descolorida de sus ojos. Se inclinó al doctor y le susurró al oído: “Yo soy dios.” Los ojos de los demás doctores estaban llenos de miedo.

La enfermera que sobrevivió el incidente la llamó “el Inexpresivo”. 

Fuente:http://sumario.tumblr.com/post/27943773872/en-junio-de-1972-una-mujer-aparecio-en-el

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